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Xoloitzcuintle, icono de la CDMX

Hace cientos de años era confundido con un caballo enano, convivía con los antiguos mexicanos de diversas culturas como compañero incondicional de su propietario.

Se trataba en realidad del xoloitzcuintle, el nombre que proviene del nahuatl  y significa «perro del dios Xólotl» un canino ancestral endémico de México y Centroamérica. Las piezas de cerámica en forma de xoloizcuintles que se han encontrado en diversas entidades del país, sobre todo en Colima, confirman la existencia de este tipo de can en la región occidente de México desde tiempos anteriores a la época azteca (Clásico temprano, 300-500 d.C.)

De acuerdo con la tradición, al morir, los mexicas eran sepultados junto con su xoloitzcuintle.  El perro sería sacrificado justo en ese momento para acompañar el alma de su propietario por el Mictlán -el inframundo o sitio del eterno descanso-, lleno de caminos inhóspitos y múltiples pruebas.

Desde tiempos indígenas, la figura de este curioso can, que de inmediato se distingue por la falta de pelo (que permite el contacto directo con su piel) y el simpático copete que luce en la cabeza, ha estado presente en cada capítulo de la historia de México hasta nuestros días. Por ello, el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, a solicitud de la Federación Canófila Mexicana, ha reconocido al xoloitzcuintle (el llamado «perro mexicano») como Patrimonio e Ícono de la Ciudad de México.

 

Redacción unomásuno

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D.R. unomásuno, UTV 2017