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Obra de teatro «La divina ilusión»

LA DIVINA ILUSIÓN

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)

Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

www.entretenia.com

 

“Cuando Sarah actúa, las palabras tienen alas.”

Inspirado por los acontecimientos reales durante la gira que la afamada actriz Sarah Bernhardt realizó por Quebec en 1905, en la cual la santa iglesia expresó su repudio por la entonces llamada reina de la pose y princesa de la gesticulación, el muy reconocido dramaturgo quebequense Michel Marc Bouchard escribe “La Divina Ilusión”. Esta, su más reciente obra, es una profunda y magníficamente bien escrita crítica tanto a la iglesia católica como al sistema de explotación de las clases empobrecidas al mismo tiempo que es una carta de profundo amor al teatro, clamando su poder de transformar al mundo a través del arte y no de la represión.

 “Hice votos de obediencia, no de imbécil.”

Minutos antes de la llegada de la gran Bernhardt a una fábrica, un patrón casi caricaturesco en su villanía alecciona a sus obreras sobre cómo deben responder a la llegada de la afamada actriz. También antes de la llegada de la llamada divina, un cura con una agenda propia demanda ver a un menor de edad quien ha sido encerrado en lo que podría considerarse una mazmorra para cuidar de las bellas imágenes públicas. Todo está dispuesto para que una verdadera tragedia suceda. No cabe duda de que no podía haber mejor director para “La Divina Ilusión” que Boris Schoemann, quien entiende a la perfección las palabras e intenciones del dramaturgo y las fortalece con una teatralidad absoluta capaz de generar tensión dramática con la misma facilidad que provoca una carcajada. Apoyado por un sumamente bien elaborado trabajo de escenografía, vestuario e iluminación, Schoemann regresa a sus inicios en el Teatro La Capilla, cuando presentó el ahora legendario montaje de la ya antes mencionada Los Endebles, y extiende todas sus habilidades para contar una historia dolorosa y provocadora con sensibilidad, inteligencia y, sobre todo, un claro entendimiento de lo que significa hacer teatro.

“Ahora resulta que mi personaje aparece hasta el tercer acto.”

Una vez dicho esto, donde realmente se puede apreciar la habilidad del director en “La Divina Ilusión” es en su capacidad de orquestar a once actores para entregar un sólido elenco capaz de proyectar con comicidad, fractura y verdad los muy complejos personajes creados por Bouchard. Pilar Boliver, encargada de darle vida a la controversial Bernhardt, demuestra no sólo su enorme colmillo sobre el escenario tanto para la comedia como para el drama, sino que da una clase magisterial sobre cómo se pueden expresar emociones reales con las manos, con la mirada, con cada fibra de su cuerpo, más allá de la voz, hipnotizando al espectador con su mera presencia. Por su parte, Constantino Morán es capaz de ser feroz y frágil como el muy oscuro cura Casgrain, entregando diálogos cargados de rabia que igualmente llevan la capacidad de hacer sentir repugnancia al público o arrancarles una risotada involuntaria. La gracia de Olivia Lagunas, la presencia de Miguel Conde, la fuerza de Mahalat Sánchez, la verdad en Eugenio Rubio, la rabia de Carmen Ramos, cada uno de ellos, al igual que el resto del elenco conformado por Servando Anacarsis Ramos, Eugenio Rubio y Dali González, partes integrales para una muy exitosa puesta en escena que revela la enorme calidad de todo el proceso.

“No somos actores señora, somos seminaristas.”

“La Divina Ilusión” se presenta los lunes y martes en el Teatro La Capilla. Para leer nuestra crítica entera visita: http://entretenia.com/la-divina-ilusion/

 

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