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Marina y ejército solo llegan a colgarse medallas

Desde las diez de la noche del miércoles, corrieron veinticuatro horas sin que ninguna de las 13 personas que se piensa pudieran mantenerse con vida entre las ruinas fuera rescatada.

A pesar de los esfuerzos de centenas de rescatistas, unidos marinos, soldados, socorristas extranjeros, civiles y perros entrenados, no se pudo aumentar la cifra de veintiocho rescatados.

El único sobresalto de esperanza en la jornada llegó cuando un representante de las fuerzas armadas –que mantienen el control de la zona- llamaron a familiares de Jaime Aguilera, quien trabajaba en el cuarto piso del edificio cuando se resquebrajó en pedazos, para informarles que habían podido comunicarse con él, corroborando que se mantiene con vida. No se supo nada más.

La escena se ha caracterizado por la nula información que proporcionan las autoridades a familiares y medios de comunicación, sometiendo a largos periodos de incertidumbre que llevan de la desesperación a la angustia a los familiares de las 48 personas que permanecen entre las ruinas.

Han sido los mismos familiares quienes difunden que los cerca de diez rescatistas que por horas pudieron verse en lo más alto del edificio derrumbado, agazapados en círculo, estarían trabajando para llegar a ese cuarto piso, donde estaría gran parte de las personas por rescatar. Pero la información no es ratificada ni desmentida por autoridad alguna.

Fue un rescatista español quien se acercó a quienes esperan con vida a los suyos para pedirles tranquilidad y asegurarles que seguirían trabajando hasta agotar posibilidades. “Deberían ser las autoridades quienes les dijeran esto. Realmente no sé por qué no lo hacen”, lamentó el ibérico.

Daniel Moreno, hermano de Adrián, quien también trabaja en el cuarto de seis pisos, no se resigna. Contó a esta agencia: “Sacaron (con vida) a la jefa de mi hermano el martes y ella dice que (Adrián) está bien. Estaba en shock, pero dijo eso. Puede que esté débil y deshidratado, pero estoy confiado”, dijo.

Pero el cielo ya era gris y a la tragedia se sumaron dos diluvios que lo complicaron todo. Suspendidas por largos periodos las búsquedas, el agua corrió por los rostros de quienes no se han despegado en tres días del lugar a la espera de sus parientes, cubriéndose con cobijas mojadas del frío, mismas con las que dormirán en las banquetas, olvidados por las autoridades de gobierno.

“No nos dan sillas, ya no digamos lonas, colchonetas o nada. Dejan que todo lo haga la gente que muy generosamente nos ayuda con lo que puede. Eso sí, se cuelgan las medallitas. Hablan de condolencias y apoyo a las familias pero les vale madre. Míreme. Tengo una cobija empapada. Mi madre tiene 70 años. Le va a dar neumonía”, fue la fotografía que describió la tía de Adrián.

RAGV

Redacción unomásuno

unomásunomx@gmail.com

D.R. unomásuno, UTV 2017

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