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MADRES DESESPERADAS EN BUSCA DE SUS HIJOS

 

 

Leticia Chávez Ángeles interrumpe el llanto para responder una llamada telefónica. Cuando habla de sus hijos se le quiebra de a poco la voz. Es viernes 8 de mayo de 2020 y recién se cumplió un año de su desaparición.

Raúl Gómez Chávez, de 20, y Cristian, de 16, salieron de su casa la noche del sábado 3 de mayo de 2019 para ir a la feria musical de Metepec, en el Estado de México. Pero a las pocas horas de que salieron, Lety recibió una llamada con la peor noticia de su vida: sus hijos habían sido secuestrados. «Si denuncias, te mato al chiquito», le advirtieron la madrugada del domingo. La mujer se deshizo de lo poco que tenía para pagar el rescate acordado, pero no volvió a tener comunicación con los secuestradores.

Desde aquel día, a Lety la carcome la angustia desde que despierta y hasta que se acuesta. Lo que más le destroza, dice, es tener «un techo en donde dormir, una cama donde descansar» mientras desconoce el paradero de sus «hijitos».

Familiares de desaparecidos protestan en el Día de la Madre, Ciudad de México, 10 de mayo de 2020.

Carlos Jasso / Reuters

El coronavirus afecta las búsquedas

Leticia Chávez no ha dejado de pensar un solo día en sus hijos, tampoco de buscarlos por todos los medios. Pero al laberinto burocrático al que se ha enfrentado desde el secuestro —como miles de familiares de desaparecidos—, se le ha sumado la epidemia del coronavirus en México.

«Todo se ha paralizado, se ha quedado ahí», dice Lety, de 39 años.

En entrevista con RT, la mamá de Raúl y Cristian cuenta que hay cuatro personas detenidas por el caso, que se encontraban en la etapa intermedia del proceso penal —en donde el Ministerio Público y la defensa de los acusados presentan pruebas ante el juez de control—, pero las audiencias se vieron suspendidas «hasta nuevo aviso» por la epidemia del coronavirus.

«¿Quién los cuida a ellos?»

«Es una desesperación, una impotencia. El estar uno encerrado en la casa y no poder salir a buscar», dice Leticia Chávez sobre la frustración que siente ahora que las búsquedas de sus hijos se detuvieron y se interrumpió el proceso penal contra los sospechosos del secuestro.

A la mujer le desespera guardarse en su casa en plena pandemia, cuando le invaden dos preguntas: «¿dónde están nuestros hijos?, ¿quién los está cuidando a ellos?».

Verónica Rosas Valenzuela, fundadora del colectivo Uniendo Esperanzas Estado de México, también se vio afectada por la pandemia del coronavirus. Ella recuerda el día en que estaba por hacer una búsqueda de su hijo Diego Maximiliano Rosas  —quien fue secuestrado el 4 de septiembre de 2015 en Ecatepec, Estado de México—, cuando le avisaron que no podían proceder.

«Ay, señora Vero. Qué pena, pero me acaba de decir mi jefe que se suspende hasta nuevo aviso por la contingencia», le dijo una funcionaria a Rosas Valenzuela. Aquel día, Verónica se disponía a ir a un comedor comunitario de Ciudad de México en donde habitualmente acuden personas en situación de calle, con la esperanza de hallar a su hijo desaparecido hace más de cuatro años.

La primera reacción que tuvo Vero por la suspensión de la búsqueda fue enojo, luego lloró cuando llegó a su casa. Pero el miedo a enfermarse, sabiendo que arrastra una tristeza acumulada desde el secuestro y desaparición de Diego, la hizo levantarse.

Como parte del trabajo que realiza en el colectivo —que acompaña a una decena de casos de víctimas de secuestro, desaparición y feminicidio—, Verónica y otras madres de desaparecidos visitaban cárceles en el estado de Hidalgo, con la esperanza de recibir alguna pista por parte de los internos que las llevara a encontrar a sus hijos, vivos o muertos. Sin embargo, esas visitas también fueron suspendidas por la pandemia del coronavirus.

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La suspensión de las actividades institucionales le cayó como un balde agua fría. «Los servidores públicos están resguardándose, están viendo temas más urgentes y están haciendo cosas más de oficina», cuenta Verónica Rosas.

La fundadora de Uniendo Esperanzas Estado de México explica que las búsquedas que actualmente se hacen en campo son de personas reportadas como desaparecidas en las últimas semanas y no abarca a los casos de «larga data». Si se considera que la cifra oficial de personas desaparecidas en México es de 61.637 —con 10 de 32 estados que no entregaron toda la información de los casos—, la pandemia del coronavirus acrecentó una de las más grandes deudas que tiene el Estado mexicano.

«Es que ahora con lo de la contingencia, todo está parado», le dijo otra funcionaria a Verónica Rosas. Pero a esta mujer, que ha recorrido tantas oficinas gubernamentales para obtener alguna pista de Diego Maximiliano, le parece que algunos servidores públicos han tomado como pretexto la epidemia del coronavirus para no hacer su trabajo. «Ya tenemos mucho con la pérdida de nuestro ser amado», se queja.

Por eso, cuenta que las madres de desaparecidos viven esa doble angustia: la preocupación porque conocen casos cercanos de personas contagiadas de coronavirus y, a la par, no saber cómo están sus hijos. «Hay que ir viendo cómo seguir buscando desde nuestras casas en lo que pasa esto, porque las desapariciones siguen ahí», concluye.

 

 

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