sábado, junio 12, 2021

En huelga estudiantes y profesores de Birmania por reapertura de colegios

El personal docente, con uniformes verdes y blancos, fue uno de los primeros grupos de funcionarios en sumarse al movimiento de desobediencia civil impulsado en oposición al levantamiento militar. Muchos profesores secundaron el llamamiento a la huelga indefinida de trabajadores ferroviarios, médicos, ingenieros y obreros, que paralizan la Administración y sectores enteros de la economía desde hace casi cuatro meses.

Birmania ha estado en crisis desde el golpe de Estado del 1 de febrero que puso fin a un paréntesis democrático de diez años. Se suceden las manifestaciones y los enfrentamientos entre los militares y las milicias ciudadanas y resurge la violencia en zonas de minorías étnicas.

Las autoridades respondieron contra una brutal violencia contra la disidencia, incluido el uso letal de armas de guerra contras los manifestantes pacíficos, y la persecución de todo aquel involucrado con el movimiento de resistencia.

La junta despidió a entre 130.000 y 150.000 profesores que entraron en la resistencia, y que representan casi un tercio del total, según datos de la Federación de Profesores en Birmania y de la prensa local.

Más de 100 maestros han sido arrestados y acusados en virtud de una ley que prohíbe fomentar los motines o el incumplimiento del deber en las fuerzas armadas. Se han emitido órdenes de arresto contra decenas más. Pero el grupo se reafirma en su postura de no trabajar para los uniformados.

«Tienen miedo de la resistencia. Por eso tratan de amenazarnos para que volvamos a las aulas», declaró  el profesor Soe Thura Kyaw, acusado de un delito de incitación y penado con hasta 3 años de cárcel, la semana pasada.

«No tengo miedo de que me detengan o torturen», declara la profesora de escuela primaria Shwe Nadi, quien habla desde Rangún, bajo un nombre ficticio. Nadi fue despedida por haberse sumado a la campaña de desobediencia civil contra el régimen militar, negada a «enseñar propaganda a los alumnos».

Al menos, «mi alma permanece pura», subraya otra profesora del estado Môn (sureste), que pidió el anonimato. La joven lleva meses sin salario pero se niega a volver a dar clases después del derramamiento de sangre de las fuerzas de seguridad que han matado en los últimos meses a por lo menos 840 civiles, incluidos adolescentes y niños.

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