jueves, octubre 21, 2021

En busca de bienestar encuentran la muerte, las sicarias del crimen organizado, una realidad

Por ROBERTO MELENEDEZ S.

bobymesa@yahoo.com.mx

Como lo hicieran Sandra Ávila Beltrán, conocida como “La Reyna del Pacífico”, Enedina Arellano Félix, caracterizada por su inteligencia y “La Güera la Loca”, temida por su determinación y violencia, diariamente, en el mayor de los silencios, cientos de mujeres, la mayoría de ellas jóvenes, se incorporan, según por falta de oportunidades de empleo y pobreza, a las grandes empresas de la delincuencia organizada, con lo que estiman terminara la “pesadilla” de falta de recursos económicos para una subsistencia digna. Lo hacen como correos, “halconas”, “corredoras” y, sobre todo, como sicarias, a quienes no les “tiembla la mano” para accionar su arma cuantas veces sea necesario, ya que en ello les puede ir la existencia.

“No es una falsa alarma, mucho menos una historia de ciencia ficción. La militancia de mujeres en el ejército del narcotráfico es una triste y temida realidad. Se estima que el 10 por ciento del personal sustantivo y administrativo de los cárteles de la droga en nuestro país está conformado por damas de todas las edades y condiciones sociales, la mayoría de ellas jóvenes que ven el narcotráfico el medio más viable para la obtención de lo que nunca han tenido: poder, grandes cantidades de dinero, negocios de todo tipo, residencias, vehículos, alhajas, vestimenta de primera línea, zapatos, la mejor de las comidas y sobre todo influencia y que la mayoría de las personas les rinda pleitesía o bien les tema, que cada una de sus palabras sea una orden y la verdad, cuestiones de las que realmente están muy distantes”.

Muchas de ellas, particularmente en los estados de Sinaloa, Baja California, Guerrero, Tamaulipas, Michoacán, Veracruz, Chihuahua y Sonora, fueron abatidas durante la pasada administración en enfrentamientos con militares marinos y efectivos policiales de los tres niveles de gobierno, principalmente federales, a quienes se enfrentaron con armas largas, granadas de fragmentación y otros instrumentos, en igualdad de circunstancias, sin el menor temor, mucho menos respeto. La mayoría de ellas fallecieron en la miseria, lejos de sus familias, olvidadas por sus propios parientes a efecto de que éstos no se comprometieran. Incluso, la mayoría de los cadáveres de las sicarias o damas del narcotráfico no han sido identificados, por lo que los mismos fueron a parar a la socorrida fosa común, en la que supuestamente descansan miles y miles de seres sin nombre, mucho menos apellidos”.

De acuerdo a analistas del referido flagelo, entre quienes destaca Enrique Fuentes Ladrón de Guevara, al igual que de fiscales, tanto federales como locales, durante las pasadas administraciones fueron ejecutadas por sus enemigos y bien abatidas por las Fuerzas Federales, con apoyo de autoridades estatales y municipales, más de diez mil mujeres que incursionaron, posiblemente cansadas de la miseria y marginación en que vivían, al sórdido, violento, sangriento y fantasmagórico mundo del narcotráfico, en el que su común denominador es la muerte y el poder. No hay para esas personas más poder que el dinero y la fuerza, por ello el temor e incluso terror que siente la ciudadanía con solo escuchar los nombres de dichas empresas del mal.

Los analistas asentaron que solo en 2011, año en el que se estima aumentaron las ejecuciones de mujeres gatilleras, perdieron la existencia por lo menos 700 féminas que se habían enrolado en las organizaciones de “Los Zetas”, “Golfo”, Sinaloa, La Familia Michoacana, Cártel del Pacífico, Caballeros Templarios, Nueva Generación, La Barredora, Juárez y Tijuana, por citar algunos grupos vinculados directamente al narcotráfico, tráfico de precursores químicos, personas y armamento.

No es descabellado o exagerado estimar que el 10 por ciento de las miles de ejecuciones registradas durante la administración del ex presidente Felipe Calderón –entre 70 mil y 100 mil–  fue de mujeres, quienes a diferencia de millones de ellas y lejos de dedicarse al hogar o actividades productivas, incursionaron en el  narcotráfico, con resultados desastrosos para ellas, pero sobre todo para sus familias. “Muchas de las lamentables bajas ocurrieron durante enfrentamientos de las bravas mujeres con miembros de las Secretarías de la Defensa, Marina-Armada de México, la ahora desaparecida Seguridad Pública de la Federación, y corporaciones policías estatales y municipales. La mayoría de los cuerpos no fueron identificados por persona alguna, seguramente para evitarse problemas con las autoridades y las propias mafias, por lo que fueron inhumados en la fosa común. Nadie reclamó los cuerpos de esas infortunadas mujeres, las que lo único que encontraron fueron la muerte y el olvido”.

Asimismo, los observadores subrayaron ratificaron que la mayoría de las damas que se ingresan a las filas del crimen organizado lo hacen “atraídas y deslumbradas” por el dinero supuestamente fácil, alhajas, viajes, buena ropa y otros privilegios, los que casi nunca llegan y si en cambio una muerte prematura. Se estableció que las féminas, muchas de ellas “verdaderas bellezas”, son adiestradas en diversos rubros, como son los de vigilantes, correos, “burras”, cobradoras y pistoleras, quienes con armas de todo tipo y sin miedo se enfrentan a enemigos de otras organizaciones criminales, así como a soldados, infantes de marina y agentes policiales de cualquier nivel.

Con base en investigaciones y estudios especiales se concluyó que las pistoleras, durante los enfrentamientos armados –ya sea con sus enemigos de profesión o bien autoridades–  son igual o en ocasiones más diestras, decididas y peligrosas que los hombres, a quienes en muchas ocasiones superan en temperamento y audacia, todo ello con el único fin de obtener dinero que les permita salir de la pobreza o bien incursionar en el mundo de la alta costura, los buenos vinos y alimentos, las alhajas, los coches de lujo y las grandes diversiones. También hay quienes lo hacen por necesidad extrema, para sacar de la pobreza extrema a sus familias, a las que se les ha negado todo, por lo que carecen de todo.

“En los últimos años la incursión de mujeres jóvenes a organizaciones criminales de primer nivel se ha incrementado significativamente y “desgraciadamente esa tendencia seguirá en aumento, ya que por lo general los sicarios varones hacen poco caso a la presencia de las féminas, pensando que son débiles, cuando son lo contrario, ya que son tan violentas y determinadas como sus contrapartes, con quienes luchan para lograr subsistir y destacar en la peligrosa y caso mortal profesión”.

Se destacó que si bien es cierto que esas féminas torcieron el camino o se vieron obligadas a ello por diversas causas y motivos, a ingresar en las filas de la delincuencia organizada, también es cierto que son seres humanos, por lo que su pérdida física resulta dolorosa y trágica, ya que como sociedad les hemos fallado. La cifra de muertas en dichos enfrentamientos con autoridades o sicarios de bandas contrarias resulta terrorífica, cruenta y vergonzosa”.

La mayoría de las féminas que han perdido la existencia en enfrentamientos ocurridos en los estados de Chihuahua, Guerrero, Nuevo León, Sinaloa, Jalisco, Sonora, Coahuila y Baja California. “Seguramente quisieron emular a las Señas de la mafia, a las féminas que ocupan un lugar preponderante en dichas empresas delictivas, como los son las arriba mencionadas, las que superan a la otrora afamada Camelia “La Texana”, y lo único que encontraron fue una fría tumba, el olvido de sus seres queridos, la reprobación de la sociedad y el Trieste recuerdo de hijos, madres, hermanos, tíos y otros familiares, quienes ante el temor de verse relacionados con hechos constitutivos de delito dejan que los cuerpos de “sus mujeres” vayan a terminar en la multicitada fosa común, como ocurre con los sicarios varones”.

“La cifra de víctimas es alarmante, toda vez que en los últimos años la incursión del mal llamado sexo débil a las organizaciones criminales de primer nivel ha suido notable y todo indica que el mismo seguirá en aumento, ya que por lo general los sicarios varones hacen poco caso a la presencia de las féminas, pensando que son débiles, cuando son lo contrario, ya que son tan violentas y determinadas como sus contrapartes, con quienes luchan para lograr subsistir y destacar en la peligrosa y caso mortal profesión. Generalmente, los cadáveres de esas víctimas no son identificados y reclamados, ya que sus deudos, así tengan pleno conocimiento de que las víctimas con sus familiares, no se atreven a identificarlos y mucho menos reclamarlos, para darles cristiana sepultura, ya que están convencidos de que en ello les podría ir la propia existencia.

Es una lástima que cientos de mujeres jóvenes, por ignorancia, pobreza y falta de oportunidades tenga que formar parte de las filas de esas empresas criminales, a las que solo les importan los recursos económicos y la influencia, la que obtienen mediante el uso desmedido de la violencia, las armas, la extorsión y el secuestro, pero sobre todo por el trasiego y comercialización de drogas, así como por la renta de rutas, todo ello ante la ineficiencia de autoridades ministeriales y policiales de los tres niveles de gobierno.

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